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Contra la nueva educación

Autor: Alberto Royo

Colección: Actual

Formato: rústica con solapas

ISBN: 9788416620074

Páginas: 208

Precio: 17,00 € 


Una crítica razonada de la pedagogía oficial y una reflexión profunda sobre la educación

Contra la nueva educación pretende ejercer una crítica racional y razonada a una pedagogía oficial que desprecia el conocimiento y la cultura y apuesta, en opinión del autor, por la felicidad ignorante y la empleabilidad de ocasión.

El autor examina de forma mordaz los principales dogmas pedagógicos posmodernos, y elabora una defensa apasionada, pero no pasional, de la instrucción pública como motor de una sociedad avanzada, idealmente meritocrática y con una sólida base ética que ampare el derecho de todos al ascenso social.

Desde su condición de músico, profesor y ciudadano, Alberto Royo se muestra decidido a presentar batalla, consciente de que sus planteamientos no discurren con viento a favor sino que suponen, hoy, casi un acto subversivo, una provocación.

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Comentarios (5)

Apenas concluida la lectura de este libro sólo puedo felicitar a su autor por la forma de abordar el destrozo educativo -con palabras de Salvador- en el que se encuentra inmersa la formación en todos los niveles de la enseñanza. Se trata de un libro en el que su autor se detiene para hacer un repaso de cada uno de los males que se han instalado en las aulas de la mano de la corriente pedagógica que dirige hacia donde debe orientarse el sistema educativo. Cada capítulo, denominado como un parásito, saca a la luz la falacia de un elemento del discurso pedagógico dominante: el valor concedido a una creatividad que se sustenta en la nada, la sobrevaloración de la innovación tecnológica para justificar el abandono del conocimiento atesorado durante siglos, la sustitución de la transmisión de conocimiento por la gestión de un emotivismo ramplón, cursi y doctrinario, la aparición de extrañas competencias y etéreas disciplinas de más que difícil justificación en un currículum académico, pero presentadas como imprescindibles para la vida que nos ha tocado, a saber, la iniciativa emprendedora o la competencia financiera. Por último, la introducción del bilingüismo en las aulas, sin un criterio claro y un planteamiento realista sobre la formación en lenguas extranjeras. Un análisis lúcido y no exento de toques de humor, signo inequívoco de inteligencia, y no sin esperanza en que el buen hacer de tantos profesores en la confianza de que, ejerciendo como tales, lograrán que cada alumno alcance a dar lo más de sí según su capacidad y esfuerzo. Y ello pese a las dificultades cada vez mayores para ese fin, que pueden resumirse en la desautorización de su figura como especialista conocedor de su materia y legítimo transmisor de conocimientos. Desdibujado su perfil de experto que conoce para enseñar una materia, el profesor puede convertirse en cualquier cosa: animador, mediador, entretenedor, y de paso ser hecho responsable de todos los males del sistema habidos y por haber. En una sociedad como la contemporánea, con una abundancia de información fácilmente accesible se hace más necesaria que nunca una formación sólida y rigurosa, que permita a los alumnos discernir entre tanto maremágnun, para separar el grano de la paja. ¿Por qué hoy en día con la generación de alumnos que ha permanecido más años escolarizada circulan más teorías peregrinas, pseudociencias y creencias extravagantes que nunca? Ejerzo la docencia desde hace dieciocho años, puede decirse que he alcanzado la mayoría de edad como profesora, y asisto, cada curso al deterioro de la actividad que tanto he amado, en un contexto hostil, en el que sin embargo, siempre alcanzo a ver un motivo para la esperanza. Alumnos atentos y respetuosos aplicados al estudio, que hacen sentir que por ellos, aunque a veces sean escasos, vale la pena continuar. Y en este tiempo, de vez en cuando dedico mi ocio a leer libros sobre la educación, como ahora el de Royo, que me hacen constatar el nivel de degradación de la actividad de formación académica, al tiempo que me reafirman en que una enseñanza seria es posible desde el compromiso de la autoexigencia personal. Aunque este compromiso cada vez resulte más gravoso para el profesorado. Termino con una anécdota: Hace algunos años yo viajaba en el bus urbano que me conduce a mi centro de trabajo e iba una joven que era alumna mía, de una titulación tradicionalmente considerada de cierta exigencia memorística y hablaba con dos conocidas suyas por venir del mismo pueblo a cursar estudios a la capital. Las dos conocidas cursaban lo que ahora es el equivalente a Magisterio. Pasajera A: estoy estudiando para un parcial en el que me examinan de ocho lecciones. Pasajera B: ¡Qué barbaridad ocho temas! Pasajera A: Pues para el examen final me quedan otros ocho temas más. Pasajeras B y C al unísono: Menos mal que nosotras cursamos Magisterio y no tenemos que estudiar. En fin, cuando la formación infantil, la primera que entra en contacto con los niños de más corta edad está en estas manos....... Poco queda que confiar en el sistema y su mejora.... y mucho hay que agradecer a profesores como Royo, que con libros como éste nos ayudan a volver al camino cuando los incesantes cantos de sirena pedagógicos amenazan con hacer mella en nuestras convicciones. PD. AAahhh y al señor Amela se le ve el plumero....

Helena   Publicado martes, 15 de agosto de 2017 a las 15:51

Un libro interesante, que ha removido mis cimientos educativos, que me ha hecho replantearme muchas cosas..Un libro bien escrito, referenciado y divertido. Un placer reflexionar con la lectura.

Sonia   Publicado martes, 2 de agosto de 2016 a las 12:33

En Guatemala, dónde los puedo comprar?

Claudia   Publicado viernes, 1 de julio de 2016 a las 6:29

Pues fíjese señor Amela, a mí me ha ocurrido exactamente lo contrario: no he encontrado una sola nota disonante de la música que él ha escrito. Desde las alturas de antidemocráticas tarimas que en el 78, cuando trepé a ellas, aún no eran instrumentos al servicio de Belcebú, he visto a nuestros adolescentes, y por tanto a la sociedad misma, hundirse curso a curso en la estulticia más absoluta, ante el contento de profesores que aplaudían el cambio porque les eximía de su responsabilidad de enseñar, tarea difícil, delicada y dedicada. Que el señor Royo haya entendido en muchos menos años lo que DE VERDAD ocurre en los Institutos españoles no lo hace vanidoso sino clarividente. Saludos.

Carmen Salcedo   Publicado miércoles, 4 de mayo de 2016 a las 13:08

Me duele haber perdido una tarde intentando encontrar algún punto de acuerdo en el libro de Alberto Royo. Lo único que hacer es destripar textos, articulos o conferencias de manera destructiva además de poner a caldo de manera obsesiva a Eduard Punset, Paolo Coelho y Ken Robinson a lo largo de todo el libro. Si es maestro desde el año 2004 no entiendo como se atreve a hablar con esa prepotencia. Yo ejerzo mi profesión desde hace 25 años y no me atrevería a pontificar como él lo hace. Tampoco ofrece una respuesta o nativa a lo que destruye de manera tan repetitiva, poco original y de tan poco calado intelectual, aunque intente disimularlo con citas de clásicos griegos. Si todo ese mal rollo es lo que desarrolla en sus clases, pobres alumnos. En fin, un desatino.

Francisco Amela   Publicado domingo, 20 de marzo de 2016 a las 1:14

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